Psicología en adultos
Hay momentos en los que podemos sentirnos más tristes, desmotivados, sin energía o con menos interés por actividades que antes disfrutábamos. También pueden aparecer irritabilidad, aislamiento, pensamientos negativos, dificultades para dormir o cambios en el apetito.
La intervención ofrece un espacio para poder expresar y comprender lo que está ocurriendo, explorar los factores que pueden estar influyendo en el estado de ánimo y valorar qué puede ayudar en cada caso. Cuando es adecuado, se trabajan cambios en el día a día, recursos para afrontar las dificultades y formas de relacionarse con los pensamientos y emociones, teniendo en cuenta también las circunstancias que rodean a la persona.
La ansiedad puede aparecer como preocupación constante, pensamientos que se repiten, sensación de estar en alerta, miedo, dificultad para desconectar o síntomas físicos como tensión, taquicardia o problemas de sueño. Cuando empieza a interferir en el día a día, puede ser útil comprender qué está ocurriendo y qué factores están contribuyendo a mantenerla.
En terapia se pueden trabajar la identificación de las situaciones que generan ansiedad, la relación con los pensamientos y las emociones y diferentes estrategias para afrontarla, aprendiendo también a manejar la incertidumbre y aquellas situaciones que no podemos controlar.
Perder a una persona, una relación, una etapa o algo que era importante puede cambiar profundamente nuestra forma de vivir el día a día. El duelo no tiene una única forma ni un tiempo determinado, y cada persona lo experimenta de manera diferente.
El acompañamiento psicológico permite poder hablar de la pérdida y de todo aquello que puede surgir alrededor de ella, dando espacio a las emociones y comprendiendo los cambios que se están produciendo. También puede ayudar a encontrar recursos para afrontar el día a día y transitar una nueva etapa, sin pretender acelerar o eliminar el proceso.
Una separación, un cambio de ciudad o de trabajo, problemas familiares u otras circunstancias importantes pueden generar un malestar difícil de manejar. Hay situaciones que pueden modificarse y otras que no dependen de nosotros, y adaptarse no significa necesariamente que una situación deje de ser difícil.
El acompañamiento psicológico permite hablar de lo que está suponiendo ese cambio, comprender cómo está afectando y explorar qué necesita la persona en ese momento. Cuando puede ser útil, se trabajan recursos para afrontar las nuevas circunstancias, tomar decisiones, respetando también el tiempo necesario para asimilar lo que ha ocurrido.
Una separación, un cambio de ciudad o de trabajo, problemas familiares u otras circunstancias importantes pueden generar un malestar difícil de manejar. Hay situaciones que pueden modificarse y otras que no dependen de nosotros, y adaptarse no significa necesariamente que una situación deje de ser difícil.
El acompañamiento psicológico permite hablar de lo que está suponiendo ese cambio, comprender cómo está afectando y explorar qué necesita la persona en ese momento. Cuando puede ser útil, se trabajan recursos para afrontar las nuevas circunstancias, tomar decisiones, respetando también el tiempo necesario para asimilar lo que ha ocurrido.
En ocasiones aparecen pensamientos, imágenes, impulsos o dudas repetitivas que generan un elevado nivel de malestar. Para intentar reducirlo pueden aparecer comprobaciones, rituales u otras conductas repetitivas que proporcionan alivio momentáneo, pero que pueden terminar manteniendo el problema.
La intervención permite comprender este ciclo y poder hablar de cómo está afectando a la vida cotidiana. Se trabajan progresivamente la relación con los pensamientos, la ansiedad y las conductas asociadas, incorporando estrategias específicas cuando sean necesarias y respetando el ritmo de cada persona.
El trabajo puede convertirse en una fuente importante de malestar cuando las exigencias se mantienen durante mucho tiempo y resulta difícil desconectar. El cansancio constante, la irritabilidad, la pérdida de motivación o la sensación de estar sobrepasado pueden aparecer cuando existe un desgaste mantenido.
La intervención permite hablar de lo que está ocurriendo y comprender tanto el impacto que tiene el contexto laboral como las propias exigencias y recursos de la persona. Se pueden trabajar aspectos como los límites, la organización, el descanso y las estrategias de afrontamiento, pero también explorar qué condiciones del entorno están contribuyendo al malestar y qué posibilidades existen para modificarlas.
La forma en la que nos valoramos y la manera en la que respondemos a nuestras emociones pueden influir en nuestras relaciones, decisiones y en la forma de afrontar las dificultades. La autocrítica, la inseguridad, la culpa o la dificultad para gestionar determinadas emociones pueden terminar generando un malestar importante.
La terapia permite explorar cómo se ha construido esa manera de verse y relacionarse con uno mismo, escuchar lo que hay detrás de determinadas emociones y comprender cómo influyen en el día a día. Cuando resulta adecuado, se trabajan una percepción de uno mismo más ajustada, recursos de regulación emocional y formas más flexibles de responder a determinadas situaciones, sin reducir todo lo que ocurre a características individuales.
Metodología
- Intervención individualizada y adaptada a cada caso
- Sesiones individuales presenciales
- Materiales personalizados y específicos
- Trabajo coordinado y multidisciplinar con familias y centros educativos